El Teatro de las Sombras

🎭 «El Teatro de las Sombras» — Donde cada función puede ser la última

Por: Nena Novelera | Romance histórico con misterio


El Teatro de la Luna Creciente llevaba cerrado treinta años, desde que su principal actriz desapareció misteriosamente durante una función de «Romeo y Julieta». Adrián, un director de teatro en busca de un espacio único, lo heredó de un tío del que apenas tenía memoria. Carla, una actriz con un pasado turbulento, respondió a su anuncio buscando un nuevo comienzo.

Desde el primer ensayo, notaron cosas extrañas: las luces se encendían y apagaban solas, los objetos se movían, y a veces escuchaban aplausos cuando estaban solos. Carla, en lugar de asustarse, parecía reconfortada.

—Son los espectadores permanentes —explicó—. Cada teatro tiene su alma.

La Actriz Fantasma

Mientras preparaban «Casa de Muñecas» de Ibsen, Carla comenzó a actuar de manera diferente, como si otra persona habitara su cuerpo. Su voz cambiaba, sus movimientos se volvían más elegantes, más antiguos. Adrián investigó en los archivos del teatro y descubrió que la actriz desaparecida, Isabella Montoya, había estado ensayando la misma obra cuando desapareció.

—¿Crees en fantasmas? —le preguntó Adrián. —Creo en historias sin terminar —respondió Carla—. Y esta tiene todas las señales de querer ser contada.

El Diario Entre Bastidores

Encontraron el diario de Isabella escondido detrás de un espejo en el camerino principal. Contaba su romance con el dueño original del teatro, un hombre casado, y su miedo porque él se había vuelto obsesivo y celoso. La última entrada decía: «Si desaparezo, busquen bajo el escenario. Él dijo que allí guardaba sus tesoros más preciados».

Bajo las tablas del escenario, encontraron un compartimento secreto con joyas antiguas y, lo más impactante, un esqueleto con un vestido de escena de los años 50.

La Función Final

Decidieron montar la función exacta que Isabella nunca pudo terminar, como homenaje. Durante el estreno, Carla pareció transformarse completamente en Isabella, hasta que, en el clímax de la obra, un hombre anciano subió al escenario blandiendo una pistola.

—¡No permitiré que terminen lo que nosotros no pudimos! —gritó. Era el hijo del dueño original, quien había mantenido el teatro cerrado todos estos años para ocultar el crimen de su padre.

El Aplauso que Cierra un Ciclo

Mientras el hombre apuntaba a Carla, todas las luces del teatro se encendieron al máximo y luego se apagaron por completo. Cuando volvió la luz, el hombre yacía desmayado en el suelo, y Carla estaba a salvo entre los brazos de Adrián.

—Ella se fue —susurró Carla—. Isabella pudo descansar en paz.

Epílogo

El Teatro de la Luna Creciente se convirtió en el más exitoso de la ciudad, conocido no solo por sus producciones innovadoras sino por su historia. Adrián y Carla siguen dirigiendo y actuando allí, y dicen que en cada estreno, si prestas atención, puedes escuchar a Isabella aplaudiendo desde el palco vacío, feliz de que su teatro vuelva a tener vida, y que su historia, finalmente, tuvo un final.

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