Entre la Lluvia y las Sombras

🌧️ “Entre la Lluvia y las Sombras” — Una historia de amor y misterio en la ciudad

Por: Revista Entre Letras | Romance y suspenso urbano


La lluvia caía como si el cielo intentara limpiar las calles de todos los secretos que la ciudad escondía. En el café “Esquina Gris”, un lugar pequeño pero acogedor, las luces temblaban como si dudaran entre permanecer encendidas o rendirse al apagón de la tarde. Allí, entre el aroma a café recién molido y el sonido metálico de las tazas, estaba Elena, revisando una libreta vieja que parecía más un relicario que un cuaderno.

Había pasado un año desde que se mudó a la ciudad para empezar de nuevo. Su vida anterior —esa de pueblo, promesas rotas y despedidas sin explicación— se había quedado atrás. O al menos eso pensaba, hasta que una carta sin remitente llegó a su buzón, firmada con un simple nombre: “D.”

La carta que lo cambió todo

El sobre era blanco, sin timbres postales, y olía a madera mojada. Dentro, solo una frase:

“Algunas despedidas no son eternas. A las siete, donde todo comenzó.”

Elena sintió un escalofrío. Nadie más podía escribir eso, excepto Daniel. El hombre al que había amado y perdido una noche de tormenta exactamente dos años atrás. Su desaparición había sido tan inexplicable como repentina: una llamada a medianoche, una promesa de volver, y luego, el silencio.

El reloj del café marcaba las seis y media. Su razón le gritaba que no fuera, pero el corazón, testarudo, ya había decidido por ella.

El reencuentro en el puente

La lluvia se intensificó cuando llegó al puente de hierro, ese que unía los dos barrios más antiguos de la ciudad. Las luces del alumbrado público parpadeaban. Nadie caminaba por allí, excepto una silueta recortada al final del puente. Un hombre, con abrigo negro y sombrero. El corazón de Elena latió tan fuerte que creyó que el sonido podría atravesar la lluvia.

—Sabía que vendrías —dijo él, sin voltear—. Siempre te atraen las tormentas.

Elena dio un paso, luego otro. —¿Por qué desapareciste, Daniel? —preguntó, sin poder contener el temblor de su voz.

Él giró lentamente. Su rostro estaba igual, pero sus ojos tenían un brillo distinto, uno que mezclaba culpa y tristeza. —No podía quedarme. Había cosas que necesitaba resolver… cosas que no entenderías.

—Haz que entienda —susurró ella—. Dos años esperando una respuesta.

Un secreto bajo la lluvia

Daniel sacó un sobre del bolsillo. —Lo que pasó aquella noche no fue un accidente —dijo—. Estuve investigando algo que no debía. Y alguien intentó silenciarme.

Elena no entendía. —¿Silenciarte? ¿Por qué?

—Porque descubrí lo que escondía el edificio donde trabajabas —respondió—. No era solo una empresa de importaciones… era una fachada para un negocio de tráfico de información.

Elena retrocedió un paso, confundida. Aquella empresa había cerrado justo después de que Daniel desapareciera. —¿Estás diciendo que…?

—Te usaron —dijo él, bajando la voz—. Y cuando me di cuenta, ya era tarde.

El beso y la huida

Un trueno interrumpió el silencio. En ese instante, Daniel tomó a Elena por la mano. —No tenemos tiempo. No soy el único que sabe que estás aquí —dijo—. Tienen ojos en todas partes.

Elena no sabía si creerle o correr, pero la forma en que él la miró, con esa mezcla de miedo y ternura, fue suficiente. Sin pensar, lo besó. Un beso breve, húmedo y desesperado, que contenía todas las palabras que no se habían dicho en dos años.

—Ven conmigo —dijo él—. Esta vez no te dejaré atrás.

Caminaron bajo la lluvia hasta el final del puente, donde un auto negro esperaba con el motor encendido. Pero cuando Daniel abrió la puerta, una luz los cegó: los faros de otro vehículo, avanzando hacia ellos a toda velocidad.

Elena gritó. Daniel la empujó hacia un lado. El impacto fue inmediato. El ruido del metal retumbó en la noche.

Silencio y revelación

Cuando despertó, Elena estaba en un hospital. Afuera, la lluvia seguía cayendo. En la silla junto a la cama, había una carpeta con su nombre. Dentro, un expediente con fotografías, reportes policiales y una nota: “Cumplí mi promesa. No busques más. —D.”

El corazón se le rompió y, sin embargo, algo en ella sonrió. En la televisión del cuarto, las noticias hablaban de la desarticulación de una red de espionaje corporativo. Una fotografía mostraba a un hombre que se parecía demasiado a Daniel… pero con otro nombre.

Elena cerró los ojos. Afuera, la tormenta se calmaba. La ciudad, una vez más, parecía lavarse los secretos con la lluvia.


Epílogo

Semanas después, Elena regresó al café “Esquina Gris”. En su mesa habitual, el camarero le entregó una caja pequeña. Dentro había un colgante en forma de llave y una nota: “Cuando la lluvia vuelva, sabrás dónde buscarme.”

Sonrió entre lágrimas. Tal vez algunas despedidas no eran eternas. Tal vez algunas historias solo esperaban el momento justo para continuar… entre la lluvia y las sombras.

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