🌊 “El faro de las promesas” — Amor, olas y un secreto que no se hunde
Por: Nena Novelera | Romance costero con suspenso y nostalgia
El mar tenía un color distinto esa mañana, como si guardara algo bajo su superficie. En el pueblo pesquero de Puerto Azul, todos hablaban de la tormenta que se avecinaba, pero Sofía solo pensaba en una cosa: en él.
Mateo había regresado después de siete años, justo cuando el viejo faro volvía a encenderse tras una década apagado. Decían que aquel faro era un mal presagio, que cada vez que su luz giraba, alguien desaparecía. Pero Sofía no creía en supersticiones… hasta que Mateo volvió del mar con una historia que no encajaba del todo.
El regreso del marinero
La última vez que lo vio, Mateo prometió escribirle desde cada puerto. Sin embargo, las cartas nunca llegaron. En cambio, una noche, ella recibió un sobre con un mapa del faro y una frase en tinta azul: “Te debo una historia y una despedida.”
Cuando lo vio bajar del barco, el corazón se le paralizó. Era él, pero diferente. Sus ojos tenían la calma del agua profunda, y su voz sonaba más pausada, casi lejana.
—Sofía —dijo sonriendo—. No pensé que esperarías tanto.
—No sabía si seguías vivo —respondió ella, conteniendo el temblor en las manos.
—Ni yo —contestó, y esa respuesta la dejó helada.
El faro encendido
Esa noche, el pueblo entero se reunió para ver cómo la luz del faro volvía a girar después de diez años. Sofía y Mateo subieron hasta la cima. Desde allí, el mar se extendía como un manto infinito. Pero cuando la luz giró hacia el norte, Sofía creyó ver algo: una sombra moviéndose bajo el agua, cerca de las rocas.
—¿Qué fue eso? —preguntó, nerviosa.
Mateo guardó silencio. Luego, tomó su mano y la colocó sobre su pecho. —A veces el mar devuelve cosas que nunca pidió —susurró.
Ella lo miró con miedo. —¿Qué te pasó allá afuera?
Él respiró hondo. —El barco naufragó, Sofía. Yo… no debía regresar. Pero había una promesa que aún no cumplí.
El secreto del naufragio
Al día siguiente, Sofía fue al puerto. Los registros mostraban que el “Santa Marena”, el barco de Mateo, se había hundido hacía seis años. No hubo sobrevivientes. Al leer la lista de nombres, vio el suyo: Mateo Estévez — fallecido.
Corrió hasta el faro. Mateo la esperaba, observando el horizonte. —¿Por qué tu nombre está entre los muertos? —preguntó, sin poder contener las lágrimas.
—Porque lo estoy —respondió con calma—. O al menos, una parte de mí lo está. El mar no me dejó ir hasta verte por última vez.
El viento soplaba fuerte. La tormenta se acercaba. Sofía lo tomó del rostro, sin importarle nada. —Entonces no te irás solo —dijo.
Mateo sonrió, y la abrazó. —Prometí volver cuando el faro se encendiera. Pero cuando la luz se apague, debo regresar donde pertenezco.
La tormenta
La lluvia cayó con furia. Desde el pueblo, algunos juraron ver dos siluetas en la cima del faro, iluminadas por los relámpagos. Luego, un trueno y la oscuridad total: el faro volvió a apagarse.
Al amanecer, los pescadores encontraron a Sofía dormida junto a la base del faro, envuelta en una manta húmeda. En su mano sostenía un colgante con una pequeña concha azul y una nota escrita con letra temblorosa:
“El mar devuelve lo que el amor no deja hundir.”
Epílogo
Años después, los turistas que visitaban Puerto Azul decían escuchar, en las noches de tormenta, el sonido de un violín marino mezclado con risas que venían desde la torre del faro. Los lugareños, al oírlo, solo sonreían y decían: “Son ellos. La promesa sigue viva.”